Los veintes de los veinte:
Sobre la libertad que trae consigo la verdad, y el miedo que yace con ella en el mismo lugar.
Este último año me cayeron muchos veintes. Lol, qué inteligente quién inventó esa frase porque me parece que es tal cual la crisis de los veinte la que te hace entender muchas cosas que no sabías que necesitabas entender.
En la superficie, ser fiel a uno mismo parece una tarea sencilla y obvia por hacer, ser honesto con lo que eres se entiende cómo algo implícito en el proceso de crecer, pero ¡qué difícil es reconocer lo que realmente piensas y quieres! El día que me di cuenta que decirle la verdad a alguien más era más fácil que decírmela a mí misma, todo lo que creía que quería, se colapsó. Suena tan cliché que hasta me quiero reír. La verdad que llevaba dentro estaba enterrada y cada vez que me convencía de algo que no quería, se llenaba de tierra. ¿Cuántas veces escuché decir en mil lugares y en mil personas “(…) la libertad os hará libres”? Y a pesar de eso, no sé cuántas veces busqué la libertad en una mentira.
Independientemente de que tan subjetiva sea la verdad como concepto, definitivamente creo que existen algunas cosas que no puedes esconder por mucho tiempo: lo que piensas, quieres, sientes y eres, (y el embarazo). Puedes decir algo y no sentirlo, puedes hacer algo y no querer hacerlo, pero lo que realmente pasa en tu interior, no lo puedes ocultar, incluso cuando ni siquiera tú lo has reconocido.
Antes de caerme este veinte, yo no quería decepcionar a nadie con las decisiones que tomaba, huía del dolor que provoca reconocer que te has equivocado, mis defectos y mis vacíos se acentuaban con mucha fuerza, como si nada bueno viniera de mis propias convicciones. Tenía que caber perfectamente en el espacio que se había reservado para mí en la vida de cada una de las personas que me rodeaban, luchaba por sentir que yo merecía la pena ser alguien que se puede querer.
Pero, entonces, ¿cómo se reconoce y se acepta la verdad que tenemos dentro?, ¿cuál es el precio de engañarse a uno mismo?, ¿cuánto tiempo se resiste lo que eres, a vivir una mentira?, ¿cómo caminas de la mano con alguien que no amas?, ¿qué se hace cuando no sientes lo que dices sentir? Si seres de otro planeta llegaran a la tierra y me pidieran describir lo que siente el dolor, les leería este fragmento que Mario Benedetti escribió en La Tregua el Lunes 12 de agosto: “Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho (…) casi asfixiante, insoportable. Ahí en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo”.
Tomar consciencia de que no era consciente fue el primer paso que di cuando decidí dejar de enredar el ovillo que tenía por alma. Si hoy lo deshiciera de un solo golpe, no sé qué me encontraría, a pesar de que vive dentro de mí. Pienso que esta búsqueda de la verdad hacia ti mismo, es una constante que nunca se modifica a pesar de que pasen los años, y que solo con pequeñas acciones puedes hacer un poco más liviano el camino.
Acciones como tomarte el tiempo suficiente para decidir algo, hablar de lo que sientes, de lo que piensas, no dar explicaciones a nadie que no creas que las necesita, decirle las cosas increíbles que piensas a alguien que encuentras increíble, hacer cosas que te gustan, defender los límites que estableces, y que aunque como dice Walter Riso “Toda forma de independencia es sospechosa de egoísmo”, te mantengas firme en defender tu libertad y saber que todo lo que te conforma es importante porque existe, porque tú existes.
Hay una cosa más que creo que tampoco se puede esconder además del embarazo y cuando te gusta alguien: el miedo. Miedo a lo desconocido, a cuestionar tu sistema de creencias y valores, a aceptar el cambio como parte de la vida.
Si bien el medio es algo con lo que tenemos que aprender a vivir, el único camino que encuentro necesario nunca dejar de caminar, es el de atreverse, aunque estemos cansados. Lo que encuentres del otro lado dependerá de un millón de cosas, pero nunca de la esclavitud que trae consigo engañarse a uno mismo, porque cuando te atreves, sacas un poco de tierra de lo que está enterrado, desenredas un poco el ovillo, comienzas a respirar. Creo que el miedo llega a tu vida para mantenerte “a salvo” en donde no quieres estar, en donde no cabes y en donde sabes que no puedes volar, y por alguna razón nos quedamos, aún sabiendo que existe un universo aquí y allá afuera, un universo que también es parte de nosotros.
El siguiente paso que di, después de ser consciente de mi inconsciencia, fue atreverme a hacer pequeñas cosas que antes no me habría atrevido a hacer, desde pararme a cantar enfrente de 30 personas hasta escribir lo que pienso y publicarlo a las 3 am, desde defender mis ideales hasta cambiar de opinión. La libertad que me ha regalado la verdad es lo único que ha permanecido todo este tiempo, y pienso que ser libre a pesar de tener miedo, es el acto de valentía más grande que pueda existir. En este camino que sigo, tratando de mantenerme fiel a mí misma, enfrentando mis miedos a pesar de hacerlo a veces con los ojos cerrados, me pregunto todos los días si la opresión en el pecho algún día se irá del todo, y después me vuelvo a preguntar… ¿qué no hay 0 Pascales en el espacio exterior?

